Despegue del primer robot insectoide volador inalámbrico

Los robots voladores de tamaño insectoide podrían ayudar a realizar tareas de larga duración como la vigilancia del crecimiento de cultivos en grandes campos agrícolas o la detección de escapes de gas, por citar dos ejemplos. Estos robots se elevan aleteando con diminutas alas, porque son demasiado pequeños para utilizar hélices, como las que vemos en sus primos mayores, los drones convencionales. El tamaño pequeño tiene inconvenientes pero también ventajas claras: estos robots son baratos de fabricar y pueden deslizarse fácilmente por lugares estrechos que son inaccesibles para los drones grandes.

 

Los robots insectoides voladores creados hasta ahora, sin embargo, solo pueden funcionar si están conectados por cable a dispositivos en tierra firme. La electrónica que necesitan para energizar y controlar sus alas es demasiado pesada para que puedan llevarla a cuestas

Ahora, unos ingenieros de la Universidad de Washington en la ciudad estadounidense de Seattle han cortado por primera vez esta especie de “cordón umbilical” y les han añadido un nuevo cerebro a sus robots insectoides, permitiendo que concretamente los del modelo RoboFly sean capaces, por vez primera, de ejecutar sus primeros aleteos independientes. Hasta donde saben, se trata de una primicia en este tipo de robótica. (No se puede descartar la existencia secreta de robots militares de esta clase.)

 

El RoboFly es ligeramente más pesado que un palillo y está energizado mediante un rayo láser. Utiliza un diminuto circuito en su cuerpo para convertir la energía del láser en electricidad suficiente para accionar sus alas.

 

Hasta no hace muchos años, el concepto de los robots voladores insectoides se encontraba solo en el ámbito de la ciencia-ficción, tal como nos recuerda Sawyer Fuller, del equipo de investigación y desarrollo del RoboFly